Dr. Isauro Artículo Monterrey. Una cabeza bien hecha.
(Perspectivas de México desde Europa)

Es mejor una cabeza bien hecha
que una cabeza bien llena. M. Montaigne


El benchmarking parecía una práctica propia del mundo industrial. Iniciada por Japón y otros países orientales a mitad del siglo XX, fue convirtiéndose en la clave de su desarrollo tecnológico y pasaron rápidamente de la copia a la creación. Aprender de los mejores era su lema y nos demostraron que la humildad era el mejor principio.
La educación se ha cerrado en sí misma y, por esa razón, la “libertad de cátedra” y el “síndrome del profesor” ha cortado los pies al desarrollo educativo: pecamos de autosuficiencia y arrogancia.
He visitado varias veces Finlandia, el país que desde el 2000 ocupa permanentemente el primer lugar en calidad educativa según los parámetros de la OCDE. Las conclusiones del estudio de este exitoso sistema educativo, aplicables totalmente a nuestro país son:
1. Los cimientos de la calidad en el aprendizaje están claramente ubicados en la autodisciplina y el autocontrol. Lo primero que llama la atención en las escuelas finlandesas es el clima de orden y respeto. Esta actitud básica la forman antes de tercero de primaria; es casi imposible ver después de esta edad que los profesores llamen la atención a los alumnos. No hace falta. Las clases mexicanas son de las más ruidosas que he visto en el mundo. Este factor por sí mismo haría avanzar los sistemas educativos de manera sorprendente.
2. El énfasis en la lectura y en la expresión verbal es la segunda herramienta del éxito finlandés. Los hábitos de lectura se centran desde temprana edad en contenidos conceptuales y no tanto en la narrativa o en las descripciones. Los alumnos ven poca televisión y confirman que a mayor cultura de la imagen, menor desarrollo de las capacidades de pensamiento.
3. Coherencia entre familia y escuela. Los padres apoyan sólidamente al sistema escolar y colaboran activamente en la educación de los hijos, siguiendo los principios y líneas de acción propuestas por los profesionales.
4. Aprendizaje cooperativo. El constructivismo social es el nombre que dan a su sistema y lo llevan a la corresponsabilidad en el aprendizaje. Es notable observar el sentido de colaboración que se puede observar en los adolescentes y la capacidad de inclusión a todos los compañeros, independientemente de las diferencias sociales, culturales o étnicas.

Todos decimos que el futuro de nuestro país se fundamenta en la educación; pero no son los sistemas tradicionales los que sacarán al país del subdesarrollo, sino intervenciones innovadoras, coherentes y consistentes.
Edgar Morin, sociólogo investigador de la UNESCO ha planteado las líneas directrices en una obra que recuerda la frase de Montaigne: “es mejor una cabeza bien hecha… que una cabeza bien llena”.


Isauro Blanco
 
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